No lo atormentes más con esos alaridos, deja de hablar y empieza a escuchar las súplicas de un alma en pena; un transeúnte falso sin misión ni emoción que vaga por el todo y no encuentra nada, no puede salvarse de este lugar ni tiene huida, es su condena escucharlos a todos y no poder emitir quejido; sutura en los labios y agudo el oído que aun en la negación de su infortunio le impide escapar y desaparecer de sí mismo. Inexistente para todos menos para sí mismo, no puede ignorar todo lo que le rodea, es esa su penitencia y nuestro destino.
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domingo, 24 de junio de 2012
Del trago amargo nacen mis penas.
No lo atormentes más con esos alaridos, deja de hablar y empieza a escuchar las súplicas de un alma en pena; un transeúnte falso sin misión ni emoción que vaga por el todo y no encuentra nada, no puede salvarse de este lugar ni tiene huida, es su condena escucharlos a todos y no poder emitir quejido; sutura en los labios y agudo el oído que aun en la negación de su infortunio le impide escapar y desaparecer de sí mismo. Inexistente para todos menos para sí mismo, no puede ignorar todo lo que le rodea, es esa su penitencia y nuestro destino.
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