No le merece, no lo toques, no lo silbes.
No mires a sus ojos que brillan de amargura
en el lugar dejado de inocencia.
No le gusta y no lo sabe,
no se da cuenta que la vagancia se presta;
la merece y lo disfruta con agonía.
Somos mártires voluntarios de la decadencia espiritual.
Susurra a su oído y escuchará
pero te hará saber que no es así.
Es una alimaña gigante, una bestia sin cubierta,
escondida en la vergüenza y lo niega.
Morir merece y las penas también,
las tiene de sobra, pero sigue así.
Mártir nació y mártir se hará morir.


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